Cuando el precio del trigo en el mercado de Chicago cae un 15% en seis meses, la intuición dice que el pan debería abaratarse. Pero en los almacenes de Las Piedras y Montevideo el kilo de pan sigue al mismo precio o incluso sube. ¿Dónde se pierde esa rebaja?
La respuesta está en la cadena de costos que separa el grano del producto terminado. Entre el campo y la panadería hay por lo menos seis eslabones: transporte marítimo del trigo importado, costo del flete interno, procesamiento industrial en molinos, distribución mayorista, energía y mano de obra en la panadería, y el margen del minorista. Cada uno de esos eslabones tiene sus propios costos fijos que no bajan cuando el trigo baja.
En Uruguay, el trigo importado representa solo una parte del insumo total de las panaderías. Una proporción significativa viene de producción nacional, cuyos precios se negocian en contratos anuales y no se ajustan de forma inmediata a las fluctuaciones del mercado internacional. Cuando el tipo de cambio peso-dólar se mueve, el efecto sobre el precio del pan importado puede ir en sentido contrario a la caída del commodity.
También opera la asimetría de precios: los aumentos se trasladan rápido, las bajas llegan lento o no llegan. Este fenómeno, documentado en estudios del Banco Central del Uruguay para varios productos de la canasta básica, responde a que los márgenes comerciales se comprimen en los momentos de alza y se recuperan en los momentos de baja. El resultado neto para el consumidor es que casi nunca captura el beneficio completo de un abaratamiento de materias primas.
